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Amelia Arellano

Doña Juana, pájaro y pradera.
 
“No hay que tener miedo ni de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte.
De lo que hay que tener miedo es del propio miedo
E DE FRIGIA
 
Doña Juana es pájaro y pradera.
Carga sus ochenta rosas penitentes.
Levemente.
Cual si fueran pétalos de seda.
De cristal. De vuelo de palomas.
Ha evadido el valle de las amarguras.
Y ama, apasionadamente.
Esta arena, esta tierra arcillosa que es su boca.
 
No le teme a la pobreza.
Es solo  un monstruo ponzoñoso, dormido.
La ha escuchado llegar como el retumbe de mil potros salvajes.
Y le ha abierto la puerta, de par, en par.
La puerta de entrada y la puerta de salida.
-Solo es cuestión de tiempo-
 
Conoce la pobreza, como el río natal.
La ha visto trepar sobre la roca niña.
En los jazmines, en los sauces, en los palos santos.
En las madre - selvas varicosas.
En su luz. En las alas del sol.
En los techos espejados de escarcha.
En el agua oculta bajo la hiedra seca.
En su sed y  en sus vides.
En su hambre y su saliva amarga.
En dulcísima pulpa de duraznos tempranos.
En sus benditas manos rocallosas.
En su oficio de ayeres.
En su canto de salvaje alegría.
 
En su canto... y su perenne eco.
Un eco, y otro eco, y miles ecos más.

Editorial: La creación literaria

La creación literaria, poesía y prosa es la instauración de lo permanente, es la instauración por la palabra; aunque sea raudamente pasajero lo celestial, la poesía y las obras literarias permanecerán por siempre al cuidado de prosistas y poetas, al servicio de la gente, sobre todo de los humildes; los escritores dicen la palabra esencial que permanece por los siglos de los siglos; los escritores y poetas sacaron de escena lo efímero, lo pasajero, lo sin importancia trascendental: reyes y princesas, para dejar lo permanente, entre tanto: “Los Miserables”, “El Periquillo Sarniento”, “El Mito de la Caverna”, “El Lazarillo de Tormes”, “El Capote”, “La Flor Amarilla” que humilde crece a la orilla del camino, de los caminos, de todos los caminos del mundo.El escritor nombra todas las cosas en lo que son, olvidándose de sí mismo, así comienzan a brillar. La escritura es la instauración del ser con la palabra y luego su donación libre a todos los hombres para que todos puedan habitar poéticamente la tierra, desde entonces el lugar de morada de las palabras son los hombres; desde entonces la poesía y la prosa no son un adorno que acompaña la existencia humana, son más bien el fundamento, la poesía y la prosa no son un juego inofensivo; el lenguaje es “el más peligroso de los bienes” y ser escritor es “la más inocente de las ocupaciones”; que no nos den los dioses más de lo que podemos digerir; debemos lo escritores mantenernos en pie, en la nada de la noche, con la cabeza erguida, ante las tormentas de Dios y de los hombres, eso sí, debemos saber partir a tiempo no sin antes haber elaborado la verdad de nuestro canto, con el habla que nos dieron los dioses y los rumores de nuestros pueblos que se esparcen con el nombre de Mitos y Leyendas.
León Danilo